Psicología de un pederasta
On September 10, 2016 | 0 Comments

Quién rompe el cristal: el pedófilo.

“Aunque me atormentaban mis acciones, me cautivaban. Una vez, o quizás más de una, lo llevé a la torre que era de concreto rígido, lejos del coro. Tenía barrotes de acero. Él tenía unos 7 años, era moreno y fue mi víctima más bella. Hice que posara como un preso con poca ropa. Tomé algunas fotos de él atado con una cuerda grande. Después posó para mi desnudo. Era como si yo pudiera hacer con él todo lo que quisiera…”

– Robert Van Handel. Sacerdote franciscano. Pedófilo. 67 años

Hay dos psicopatologías con los cuales definitivamente no puedo trabajar: con un pederasta y con alguien que maltrata animales. No puedo. Me siento rebasado por la falta de empatía que tienen con los demás. En un corazón podrido, no puede haber cabida para el tratamiento terapéutico. En las dos ocasiones que un pederasta se ha acercado a mí, (ambas por obligación de un juez como una condición para tener libertad bajo fianza), elegí remitir el caso.
¿Cómo razona la mente de un abusador infantil y cómo siente y se conduce alguien que siente placer sexual por los niños?

La pederastia es una perversión sexual en la cual el factor decisivo está representado por la edad del objeto del deseo.
– Carlo Ferrio

El deseo y los abusos sexuales contra los niños no representan ciertamente una novedad cultural, sin embargo, en esta época son un factor dominante de crítica social. En la antigua Grecia el término Pederastia era solamente la expresión de un género amoroso y no tenía un sentido infame. El sustantivo Pedofilia no aparece en los antiguos escritos griegos, sin embargo, era usado muchas veces el verbo “paidophiles”. Es necesario recordar que para los griegos estas situaciones se referían siempre a los jóvenes púberes (con caracteres sexuales secundarios presentes), ya que las relaciones sexuales con niños eran severamente castigadas. Así, lo que cambió a lo largo de la historia es la edad cronológica en la que se reconoce la mayoría de edad por parte del estado y no la aceptación de las relaciones sexuales entre adultos y niños. En la antigüedad, alguien con 14 años de edad era socialmente considerado como un adulto con la capacidad de trabajar, tener una relación amorosa y en algunos casos hasta de formar una familia.
Infortunadamente, los problemas psicopatológicos y la etiología de la pederastia permanecen por lo tanto todavía llenas de sombras y de aspectos aún no clarificados. La prevalencia de la pedofilia a nivel social todavía no es conocida, ya que estos deseos son tan inaceptables a nivel social que se buscan esconder en lo más profundo de la personalidad. Sin embargo, podemos concluir que la prevalencia de la pederastia en una sociedad oscila entre el 3% y el 4.2% de la población en general. Esto significa que si nos detenemos en la puerta de nuestra casa y contamos a 100 hombres pasar (la gran mayoría de los pederastas son hombres), nos toparemos con 3 o 4 que tienen esta perversión.
En general, la pederastia es una manifestación del trastorno de personalidad sociopático o antisocial y por lo mismo, además del contacto sexual con niños tiende a presentarse con otras conductas que van en contra de la integridad de la sociedad. Así que la relación directa entre pederastia y trastorno sociopático de la personalidad son altamente comorbes.

¿Qué significa tener un trastorno antisocial de la personalidad?

Theodore Millon, (2002), en su libro: Psychopathy: Antisocial, Criminal, and Violent Behavior, describe con profundidad y claridad este trastorno de personalidad. Él explica que el trastorno de personalidad antisocial (TPA), a veces llamado Sociopatía, es una patología de índole psíquico que deriva en que las personas que la padecen pierden la noción de la importancia de las normas sociales, como son las leyes y los derechos individuales. Por esto, a pesar de que saben que están haciendo un mal, actúan de manera impulsiva para alcanzar lo que desean, cometiendo en muchos casos delitos graves. La sociopatía es más común entre los hombres que en las mujeres, no existen barreras de ninguna clase para padecerlo. Pero para ser diagnosticado, la persona debe tener al menos 18 años de edad, aunque por lo menos desde los 15 años ya pueden presentarse algunos síntomas para que el trastorno sea dictaminado con precisión posteriormente.
Entre las características más comunes del TPA se encuentran la ausencia de empatía y remordimiento, con una marcada tendencia a justificar el violar los derechos de los demás con una reducida capacidad de auto crítica. Entre quienes padecen este trastorno, existe la constante búsqueda de nuevas sensaciones (que pueden llegar a extremos insólitos), la deshumanización de la víctima o la falta de preocupación de las consecuencias. El egocentrismo y la falta de responsabilidad, así como el principio del hedonismo, (placer carnal sobre todas las cosas), más altos niveles de impulsividad, se presentan entre las características más comunes. Dentro de los síntomas característicos que pueden prevalecer en la conducta antisocial, se encuentra el síndrome de aislamiento. Este síndrome es también nombrado como huida o evitación. Este síndrome es caracterizado por su peculiaridad de aislamiento, pero se manifiesta como una tendencia a evadir o evitar relaciones y/o contacto con las exigencias sociales. Esta conducta deja ver como un individuo reservado e introvertido, a veces difícil de identificar, puede ser quien vaya rompiendo la armonía de la sociedad a la que pertenece.
Según los estudios realizados, estos individuos sufren la crítica, el rechazo, o desprecio de la sociedad, por tanto, utilizan dicha inadecuación como método de defensa para evitar esas dificultades, yendo en contra de lo socialmente establecido, para compensar su falta de integración social. Este trastorno puede agravarse, en algunos casos, especialmente cuando la persona a tratar tiene como hábito el consumo de drogas.
Los pederastas tienden a relacionarse con alguna de estas conductas criminales: estafar para ganar estatus, robar para ganar recursos y mentir repetidamente aún en presencia de la evidencia. Así, entre más arraigado estén los rasgos sociopáticos al individuo, más áreas de su vida se verán afectadas por sus conductas desadaptativas. No todos los sociópatas son pedófilos, sin embargo, todos los pederastas tienen rasgos sociopáticos.

Recordemos que no todos los abusos sexuales se dan por pedófilos. Hay algunos que se dan porque el agresor confunde el cuerpo del menor con alguien más, principalmente cuando está intoxicado por alcohol, como en el caso de alcohólicos que estando intoxicados, abusan de sus hijos porque creen que están sexualizando con adultos. Otros se dan por negligencia o por desinformación (permitir que el menor vea pornografía o no tener las precauciones básicas para que el menor no presencie las relaciones sexuales entre adultos o el cuerpo expuesto del mayor). Sin embargo, lo que es una realidad es que el abuso sexual a menores, es una conducta totalmente antisocial.

Hay ciertos factores que los pederastas tienen en común y que se pueden identificar en básicamente todos los casos:

– Incapacidad para socializar con adultos. Es decir, pobres herramientas sociales para relacionarse con los adultos, aunque tienen mejores habilidades que los demás adultos para relacionarse con niños.
– Vidas sociales y sexuales aparentemente convencionales, es decir, o están casados y viven en pareja, o se dedican a una vida que justifique el que no tengan pareja (líderes de culto, milicia, sacerdocio o bien haber tomado el voto de castidad).
– Solo en el menor de los casos, haber sido abusados sexualmente en la infancia.
– Psicopatología relacionada a rasgos antisociales de la personalidad.
– Llevar a cabo, sin restricciones las fantasías sexuales con menores.
– Pobre conciencia y poca responsabilidad para medir las consecuencias de sus acciones.

Aunque se conoce poco sobre el origen de la pederastia y hay muchas piezas que aún están sueltas en el rompecabezas. Los pederastas tienen un contacto sexual muy pobre con adultos y aunque esconden su preferencia con parejas sexuales acordes a su edad, generalmente su vida sexual con adultos es nula.
¿Qué le atrae al pederasta del cuerpo del menor? Lo que los demás percibimos con ternura y cariño, a ciertos hombres les produce deseo sexual. Hablo de ciertas características que se encuentran solo en menores de edad: piel muy suave, ausencia total de vello y ojos muy grandes en proporción al resto de la cara.
Quinsey, V.L. y Lalumière, M.L, (2001), en su libro: Assesment of sexual offenders against children, señalan algunas características básicas que podemos observar en la inmensa mayoría de los pederastas:
– Hombre adulto. Sólo el 20% de los pederastas son menores de 18 años y tienen por lo menos 16 años.
– Se relaciona mejor con niños que con adultos. No se adapta a situaciones sociales con gente de su edad.
– Tiene pocos amigos íntimos de su generación.
– Prefiere niños o niñas de una edad específica. Es decir, hay una edad de preferencia en sus víctimas.
– Prefiere un género más que al otro. Es decir, tenderá a abusar más de varones o más de niñas.
– Busca empleo o es voluntario en lugares relacionados con actividades infantiles, con el objetivo final de tener cercanía con sus víctimas.
– Les gusta estar en parques o cerca de colegios para sentir excitación sexual.
– Acumulan fotografías de niño/as y pornografía infantil: Con el objetivo de reducir las inhibiciones de las víctimas, para tener material para masturbarse cuando no tiene víctimas potenciales, para excitarse reviviendo actividades sexuales pasadas y para chantajear a sus víctimas.
– Habla con los niños/as en su mismo lenguaje y a veces con lenguaje de pareja.
– Guarda ropa, juegos y demás objetos infantiles en su casa, para jugar con sus víctimas sexualmente.
– En cuanto a la orientación sexual de los pedófilos podemos decir que la mayoría de ellos son heterosexuales en su vida sexual con adultos.
– El pedófilo tiende a buscar grupos con tendencias sexuales semejantes; por ejemplo, en Internet, y usan símbolos identificatorios, y que han ido siendo descubiertos por la policía internacional. Los símbolos son siempre compuestos por la unión de 2 similares, uno dentro del otro. El de forma mayor identifica al adulto, la figura menor identifica al niño. Los símbolos se encuentran en elementos como monedas, medallas, joyas, anillos, llaveros. En general, los triángulos representan a los hombres y los corazones a las mujeres. De ahí que el pedófilo pueda portar un símbolo de un triángulo mayor y uno menor (si su preferencia es hacia los niños) o bien un triángulo mayor y un corazón menor (si su preferencia es hacia las niñas).

En cuanto al pensamiento errado del pederasta, que posterga la conducta desviada del agresor, es que minimiza y niega su responsabilidad, presentándose a los demás como sujetos adaptados socialmente y neutraliza la seriedad de sus agresiones a través de justificaciones. A menudo la única lógica posible de estos crímenes es interna y se da en un diálogo interior muy simplista, como suele pasar en todos aquellos que sufren del Trastorno Antisocial de la personalidad.

Los abusadores sexuales no siempre cometen sus crímenes de la misma forma. En el mundo de las mentes tenebrosas, la perversión ciertamente es infinita. Cualquier explicación de por qué ciertos individuos poseen una sexualidad tan deformada es incompleta si se ignora la variable más importante, el criminal mismo. Cada persona es un producto único de naturaleza y crianza, destino genético e influencias ambientales. Lo que tiene un gran impacto en una persona puede no tener efecto en otra. Por lo tanto, un número infinito de factores contribuyen en la génesis de un abusador sexual, nunca es un solo elemento la causa de la conducta desviada.

Los abusadores infantiles tienen una preferencia sexual definida por los menores. Sus fantasías sexuales y las imaginaciones eróticas se enfocan en los niños. Casi siempre buscan el acceso a los menores y dañan a múltiples víctimas. En este grupo se encuentran muchos adultos cercanos a las víctimas –padres, tíos, primos, hermanos, abuelos–; este dato es incómodo y sumamente perturbador, pero su realidad es innegable. Muchas veces el “enemigo” se encuentra en nuestra propia casa. Su conducta sexual es compulsiva, y ejecutan su crimen por una “necesidad” que les lleva a desplegar actos antisociales de tipo sexual. Tienen rituales específicos, como los siguientes: elegir solo una determinada edad o sexo, ejecutar el abuso sexual de cierta manera, usar objetos, hablar de forma “romántica” ante su víctima, usar determinado tipo de ropa y el motor para esto es accionar lo que tenga que hacer para cumplir sus fantasías. El abusador de menores siempre es mentiroso y manipulador. Planea eficientemente su delito. Evalúa sus experiencias. Suele usar tecnología moderna para excitarse –internet, videos–. Muchas veces coleccionan pornografía infantil –impresa y/o videos–. Se acerca al niño/a de forma seductora, prometiéndole atenciones. Chantajea a su víctima, dándole regalos y prometiéndole favores.

El pederasta es un criminal que destruye lo más valioso de una persona: su integridad emocional y espiritual.

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